El Talento es la nueva moneda universal

Proclaman los nuevos gurús del universo cibernético que la nueva moneda de este siglo será el Talento, y con ella se medirá la importancia de las sociedades que la cobijen y amparen, puesto que su desarrollo y crecimiento dependerá en gran medida de la cantidad de talento que consigan acaparar e incentivar.

No hablamos de la histórica unidad de medida que nació en Babilonia y pervivió hasta bien entrado el Imperio Romano, de esos talentos de oro y de plata que sirvieron para comprar reinos, voluntades y hasta traiciones, como la de Judas por la que recibió treinta talentos de plata, muy mal aprovechados, que acabaron sirviendo para comprar el campo del alfarero.

El origen griego de la palabra es el mismo, pero el talento de ahora no se mide en onzas, sino en la capacidad de entender, de comprender y a la vez de poner en marcha nuevas iniciativas que supongan avanzar en el desarrollo conjunto de toda la sociedad. No basta con tener la inteligencia necesaria, sino que hay que desplegar las capacidades que permitan su impulso y crecimiento.

El talento siempre ha existido en todos los rincones del mundo, la diferencia para que fructifique está en la predisposición de la sociedad donde nace, si esta es capaz de detectarlo, animarlo y darle el impulso necesario para que se convierta en una realidad incuestionable que venga a enriquecerla y agrandarla.

Si el talento no se cuida desaparecerá de la sociedad donde vio la luz y marchará en busca de otros lugares más proclives para desarrollarse, de otras sociedades que ofrezcan unas condiciones más adecuadas para que las ideas se conviertan en realidad, unas sociedades más atentas a acaparar la nueva riqueza universal que otras en su ignorancia desprecian.

Las grandes ciudades, las comunidades más ricas, las universidades más dinámicas son focos de atracción para todas aquellas personas con inquietudes que desean aprender, compartir, y sobre todo contar con el respaldo necesario para llevarlas a cabo.

La tendencia natural del talento, como del dinero, las grandes inversiones, las obras de arte, e incluso de las propias personas es agruparse, concentrase, retroalimentarse, regodearse en sí mismas, dejando amplios territorios desabastecidos, abandonados a su suerte, cual si no existieran, puesto que nada tienen que aportar.

Poco se puede hacer para cambiar la realidad imperante, a excepción de afinar los detectores de talento para descubrirlo en sus estado larvario, poniendo a su disposición todos los recursos necesarios que permitan su crecimiento y madurez, para atesorar como avaros esta nueva moneda universal que nos permitirá un nuevo crecimiento.

Luis Miguel Largo

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