Gloria Rubio Largo ilustración resalto blog

Sé lo que hicisteis con el último paquete

No todo en la compra online es tan bonito como lo pintan, en la mayoría de los casos la parte más débil de la cadena deja entrever que las empresas venden humo cuando aseguran que tu compra estará en casa en 24 o en 48 horas después de confirmar el pago. Esas aseveraciones sirven para las grandes capitales, pero en cuanto se va disminuyendo de población, las horas aumentan y se convierten en días, e incluso en semanas y cuando llamas a reclamar te indican que la culpa no es suya, de la tienda, sino de la empresa de logística.

Por el rimbombante nombre de “logística” se entiende en pleno siglo XXI, disponer de una furgoneta, más menos vieja, abollada y rotulada, conducida por un joven o viejo, siempre muy mal pagado, la mayoría de las veces mal encarado, con una prisa enorme por quitarse de encima la mercancía y salir pitando hacia quién sabe dónde, como el conejo de Alicia en el país de las maravillas.

Los que tenemos la suerte de vivir en un pueblo de Soria y acostumbramos de vez en cuando a tirar de internet para comprar algún objeto, sabemos lo complicado que es que te llegue un paquete, no digo ya en la fecha que anuncia la tienda online, que nunca es verdad, sino que nos conformamos con conseguirlo unos días después en nuestra casa, sin tener que pasar por la sede de la empresa de Logística en cuestión, perdiendo un tiempo importante, que se supone que ahorras con la compra online.

El eslabón más débil de la cadena, el logístico, suele llamarte por teléfono para amenazarte con que estés en casa a una hora prefijada si no quieres encontrarte con un bonito papel en el buzón donde te indiquen que tendrás que ir a la sede de la empresa a recoger tu mercancía.  En numerosas ocasiones no te dan alternativa y te exigen que salgas hasta la carretera principal, ya que van muy pillados y argumentan que por un paquete no les merece la pena entrar al pueblo y ponerse a buscar entre las más de cuarenta casas que lo jalonan.  Si amenazas con denunciar su actitud, sacan a relucir el componente solidario de la clase obrera, explicándote pormenorizadamente que no llegan y que sin colaboración acabarán engrosando las largas listas del paro.

La confianza en sí mismos o en la bondad de la gente, supongo que tras una lectura pormenorizada de Rousseau confirmando que “el hombre es bueno por naturaleza”, les da la capacidad a los logísticos de informarte telefónicamente que tu paquete lo han dejado en un concurrido bar de una población cercana, ya que les era imposible acudir a tu pueblo, y sobre todo son expertos en tranquilizarte, explicándote, que como ya tienen tus datos, han hecho un bonito garabato en el lugar donde debieras haber estampado tu firma, para que dejes de preocuparte por cuestiones nimias.

Delitos aparte, el hombre lógico, que no logístico, en el fondo te está haciendo un favor, por si no lo quieres ver, se preocupa, mucho más de lo que estipula su contrato, para que puedes tener tu miserable paquete dejándotelo a una distancia prudencial, eso sí, con un mínimo de esfuerzo por tu parte. El que algo quiere, algo le cuesta, dice el refrán popular y corrobora el de la furgoneta.

Los logísticos son gente muy humana que se preocupan por saber si tienes un trabajo estable, sobre todo les interesa que esté en la capital o en alguna cabecera de comarca, por lo que te lo preguntan con desparpajo, no para preocuparse por tu estado anímico o económico, sino para poder dejarte el dichoso paquete en tu trabajo, ahorrándose el viaje hasta el pueblo o hasta tu casa.

Son buena gente porque se interesan en seguida por tus relaciones humanas, preguntándote si pueden dejar el paquete en otra casa a la que van más a menudo y que saben seguro que habrá quién lo recoja. Casos se dan de vecinos que no se hablan, una rareza en los pueblos sorianos, y que el logístico de turno les deja el paquete sin pestañear, olvidándose de las rencillas labradas durante siglos.

En definitiva, que si vives en un pueblo el producto que has comprado por internet llega cuando dios quiere y el santo patrón y a todo el mundo le da igual porque el juego consiste en servir deprisa a las grandes ciudades y lentamente a los pequeños pueblos, que son atendidos de favor, porque a las empresas de logística no les queda más remedio que coger los pedidos pequeños si quieren quedarse con los grandes.

Luis Miguel Largo

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