¿Tenemos una marca vacía?

Siniestro Total en su mítico vinilo ‘Menos mal que nos queda Portugal’ defendían un tema llamado ‘Quiénes somos, de dónde venimos y adónde de vamos’. A pesar de no ser el mejor de su carrera nos debe de servir como formidable ejemplo didáctico para explicar que nos debemos de explicar. Nosotros y nuestra marca.

Es fundamental hacerse entender y no ser invasivos. Estos días previos a san Valentín estoy viendo con estupor cómo bancos, eléctricas o empresas de transportes aportan contenidos sobre el asunto. Puro ruido, basura y banalidad en cuanto a contenidos. Todos prescindibles, todos, estos sí, verdaderamente inapropiados.

Tal vez las grandes empresas se puedan permitir dilapidar recursos y hacer probaturas con gaseosa. Tienen fondo de armario suficiente como para dar palos de ciego y dejarnos tuertos, algo que nosotros no nos podemos permitir, porque ya vamos mancos a por piedras con las que luchar para hacernos un hueco.  Tino y mesura, que no somos la cocacola. Ni queremos apagar la sed del mundo con azúcar…

El que se entienda nuestro producto, el generar una corriente de empatía (ya no de necesidad) es un paso clave. No hay que agitar antes de saber usar. Todo el mundo quiere saber quién está detrás del producto y qué es el producto. Es necesario saber contextualizar. Es improbable que muchos afroamericanos con sentido de pertenencia se decidieran en masa a comprar capuchas del Ku Kux Klan en Missouri. Menos si supieran que están diseñadas por una empresa de Donald Trump.

Unas veces tememos y otras despreciamos lo que no conocemos. Lo hacemos mayoritariamente por pura vagancia. Una marca vacía, sin estrategia, sin recuerdo, sin proyección y sin explicación es tanto como nada.  Tenemos que saber jugar en las distancias cortas, en la proximidad. No todo el mundo puede ser global y no todo el mundo puede pagarse un SEO a la carta. Tenemos que gustar, con nuestras armas y con nuestra singularidad, con lo que de verdad nos diferencia o en lo que podemos ser mejores. En el producto y en el lazo que lo envuelve. Crear emoción y buenas experiencias.

Y saber que, aunque nuestra marca tampoco sea para siempre, no se puede ir a la carrera, improvisando, según vaya apareciendo la necesidad y la exigencia.  Estrategia. Obligada, insisto, desde la proximidad.

Y es que menos mal que nos queda Portugal. Y, a lo mejor, si somos afortunados y hemos sabido administrarnos, un poco de sentido común…

Julio Matute

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